Budismo Monástico en el Periodo Medieval - Movimientos Reformistas: Los Yoguis Tántricos y los monjes de los Bosques

Índice de Artículos
Budismo Monástico en el Periodo Medieval
Movimientos Reformistas: Los Yoguis Tántricos y los monjes de los Bosques
El Vydyadhara en India, Myanmar y Tibet
Milarepa y los Yoguis del Tibet
Los Monasterios Kagyu
Notas
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Movimientos Reformistas: Los Yoguis Tántricos y los monjes de los Bosques

El ideal asentado por el Iluminado no desapareció, ello pese a que el héroe cultural de la era fuese ejemplificado en el gran Pandita.

Cuando sea que la tradición meditativa sucumbe entre la población budista, a su debido momento, ciertos individuos llegan a revivirla. Esto ha ocurrido una y otra vez en el Budismo.

Sin embargo, la vuelta a la meditación no fue siempre posible en el interior de los monasterios, donde la tradición contemplativa fue superada por una rígida adherencia a las normas y rituales. En vez de fomentar las actividades escolásticas, en el Periodo Medieval, los monasterios se enfocaban en mantener los votos y la rutina de llevar una vida pura como monje, lo que tuvo como consecuencia que la práctica de la meditación quedara relegada a un segundo plano. Puesto que esto hizo que nadie lograra una experiencia interior espiritual, se comenzó a considerar a los santos (aryas) como un fenómeno del pasado. A medida que el Periodo Medieval se expandió, la vida monástica se volvió más y más inactiva.

Alrededor del año 700, cierta cantidad de monjes comenzaron a “exiliarse” de los monasterios, y en una gran medida, a “exiliarse” a la vez de la sociedad. A menudo adoptando trabajos de baja casta como medio de soporte, estos “exiliados” monásticamente entrenados y normalmente muy instruidos, adoptaron la vida de Yoguis y Yoguinis en busca de la sabiduría interna. Estos místicos fueron a menudo referidos como Siddhas o adeptos, practicantes del Budismo Tántrico, y destacaron por realizar milagros sagrados.
 

Junto a los manuales de meditación exponiendo la doctrina Yogaçara, la sabiduría secreta de los Siddhas fue encapsulada en cierto número de escrituras místicas únicas, conocidas como Tantras. Se cuenta que el primero de estos tratados secretos que apareció  en el mundo fue traído a este planeta por seres extraterrenos.

La transmisión histórica es muy brevemente relatada de la siguiente forma: las enseñanzas esotéricas, el Tantra Secreto, emanó originalmente de la propia Mente Búdica primordial y alcanzó el mundo humano en tres niveles o estados sucesivos de transmisión, cada uno de ellos un peldaño más bajo que el anterior. Estas transmisiones se conocen sucesivamente como la transmisión mental de los Budas, la transmisión simbólica de los Vydyadharas extraterrenos, y la transmisión oral de los sabios (humanos).

La mediación en estas transmisiones de información tuvo lugar en la comunicación de sabiduría a través de unidades simbólicas, transmitidos ― así se dice ― por los Sostenedores celestiales de la Visión Interna (Vydyadhara) a los maestros Bodhisattva del plano físico, cuyas mentes habían madurado completamente para recibir la verdad. Los Sostenedores de la Visión Interna indicaron el conocimiento a través de símbolos, mientras que el maestro ascendido comprende el significado perfecto y lo traducen al pensamiento conceptual. Éste último fue más tarde expresado en lenguaje humano.

Se dice que el Tantra fue traído a este mundo a través de dos canales de transmisión simbólica: en primer lugar, la transmisión a un nivel más adelantado de Sostenedores de la Visión Interna extraterrenos y, en segundo término, la transmisión a través de los Sostenedores de la Visión Interna extraterrenos a ciertos Sostenedores de la Visión Interna terrestres (humanos).

En el antiguo texto Tibetano, el sPyi-mDo dGongs-‘Dus, se dice:

"En la cima del Monte Dragshul Chan, al amigo Bodhisattva en forma humana, la sagrada esencia del Conocimiento, como fue revelada bajo la dirección del Sostenedor Vajra (Indestructible), fue transmitida desde los sistemas solares (çakravala) de los Resplandecientes".
 

El amigo Bodhisattva mencionado en este relato fue un gran maestro de nuestro mundo llamado Vimalakirti, quien se dice que ha recibido los llamados “sesenta y cuatro tantras fundamentales” de cuatro seres extraterrenos, el Deva Draguen Chogkyong, el Naga Jogpa, el Yaksha Karda Dong y el Raksha Lodro Thubten. (Es interesante especular debido al hecho de que el término Tantea significa “Cuerda”, que lo que se ha dicho aquí es que Vimalakirti, el sabio humano, recibió de cuatro seres no humanos un despertar de las 64 secuencias de datos, selectivamente codificados, que yacen encerrados en el banco de genes humano. Existen exactamente 64 cordones de ADN en los repositorios genéticos del cuerpo humano, del mismo modo que hay 64 cuadrículas en el juego del ajedrez y 64 fragmentos simbólicos que, cuando son activados, liberan el pleno tributo del conocimiento humano en la consciencia. Los cuatro seres son, en cierto sentido, arquetipos tempranos de las cuatro corrientes de linaje que Tilopa incorporó a su transmisión oral, ahora conocida como Kagyu). Se dice que esta legendaria transmisión marca el origen histórico de la tradición Tántrica, el origen del “Rosario Dorado de Conocimiento” que, cuando más tarde se tradujo al pensamiento humano y se trascribió, tuvo la intención de revelar el camino mediante el que hombres y mujeres pueden despertar su potencial pleno como criaturas desarrolladas en este planeta, en lo que (en las antiguas escrituras Budistas) es conocido como nuestro sistema solar Saha o Saha çakravala.    

Los textos escritos sobre Tantra que han llegado a nuestros días se hallan con frecuencia incompletos, y se dice que no son más que redacciones fragmentarias de los originales textos raíz (mula tantra), ahora perdidos. Estas redacciones transmitidas son los sagrados tratados que enseñaron la ciencia de los primeros Siddhas y grandes yoguis del pasado, tanto Budistas como Hindúes.

Existe un bien conocido grupo de Siddhas, tanto hombres como mujeres, que son recordados en la Historia como los 84 Mahasiddhas, los 84 Grandes Adeptos, ya que fueron autores de extensos comentarios sobre los Tantras, de manuales prácticos sobre meditación, poesía espiritual, y otras escrituras religiosas. Mientras que varios de estos adeptos eran monjes que retuvieron sus votos monásticos, hemos visto que muchos no lo hicieron. Esto se debe al hecho, explicado antes, de que durante el Periodo Medieval tardío, la vida monástica se volvió contraria al camino de la Iluminación. Los 84 Grandes Adeptos fueron los fundadores de varios linajes de práctica espiritual.

Un ejemplo de Mahassidha puede ser bien demostrado por la vida del Siddha nepalí Maitripa (5). Nacido cerca de Kapilavastu, en el Sur de Nepal, Maitripa recibió una exhaustiva educación de Brahmán hasta la edad de dieciocho años. Entonces ingresó en el Monasterio Vikramasila y se puso bajo la influencia del Mahapandita (“gran erudito”) Naropa, de quien aprendió los sistemas de lógica Dignaga y Dharmakirti, la filosofía Madhyakama de Nagarjuna, y más tarde, durante dos años, las hermenéuticas epistemológicas del Prajnaparamitra Sutra. A continuación, se encontró con Ratnakarasanti, gracias al cual comenzó a obtener el entendimiento de la teoría mental de Yogaçara. Finalmente, a la edad de 21 años, recibió la ordenación Bhikshu conforme a la Orden Sammitiya, y se le otorgó el nombre de Bhikshu Maitrigupta. Fue inigualable en su erudición.

Naropa era uno de los más importantes eruditos en la India durante esa época. Sin embargo,  un día, mientras descansaba bajo la copa de un árbol, leyendo un texto filosófico particularmente profundo, se le acercó una anciana que era una yoguini. Ella le preguntó si podía entender las palabras del texto que estaba leyendo y él dijo que sí podía. Ella se mostró muy feliz ante esta respuesta. Sin embargo, cuando él también respondió afirmativamente a la pregunta de si podía entender el significado del texto, ella se mostró muy disgustada. De esta forma, ella indujo a Naropa a darse cuenta de que todo su alarde de conocimiento era simplemente intelectual, de que no tenía una comprensión experimental y mística del camino de Buda. Él era como alguien que lo sabía todo acerca de  la composición, la estructura molecular y los aspectos dietarios de los helados, pero que en realidad nunca había siquiera probado uno, y por tanto que no tenía la experiencia real de lo que era un helado. En este sentido, su conocimiento del Dharma era puramente especulativo e intelectual. Él no tenía experiencia alguna del estado de Iluminación. Sólo poseía un conocimiento libresco.

“¿Quién conoce el significado?”, preguntó él. La anciana yoguini le dijo a Naropa que buscara al hermano de ésta, el yogui errante Tilopa. Esto hizo que Naropa abandonara su vida de erudito para marchar en busca de la Verdad experimental. Naropa se convirtió en discípulo de Tilopa.

El discipulado de Naropa bajo Tilopa pudo haber tenido lugar en algún momento tras el periodo cuando Maitrigupta estaba estudiando en Vikramasila, ya que en esa época, Naropa evidentemente todavía era sin duda profesor en la Universidad. Quizás fue el ejemplo de Naropa de dejar la universidad y la vida monástica lo que influenció a Maitrigupta.

En cualquier caso, a sus veintiocho años, Maitrigupta padeció un marcado rechazo hacia el aprendizaje escolástico, muy similar al que se atribuyó a Naropa. El historiador Pema Karpo explica que una joven muchacha de dieciséis años y de gran belleza se le apareció a Maitrigupta. “No te quedes aquí”, parece ser que le dijo ella. “En el Este, en el templo de Khasarpana, hay un Avalokitesvara. Vete y recibe enseñaza de él”. Entonces, ella desapareció (6).

Maitrigupta viajó en varias etapas hacia Khasarpana. Allí permaneció un año, rezando asiduamente, pero sin embargo no encontrando al maestro que buscaba. De nuevo, él recibió un mensaje en un sueño, en este caso mediante una figura masculina, que le dijo que viajara al Sur de la India, hacia Sri Parvata, un lugar célebre como punto de adoración a Avalokiteshvara.

El viaje hacia Sri Parvata no resultó fácil. Sin embargo, una vez allí, él aprendió acerca del Mahasiddha Savari. Matrigupta viajó de lugar en lugar, tratando de encontrar al Savari. Por un tiempo se instaló en Vaktapad, donde recitó el mantra de Tara cien mil veces. Después, se convenció de que debía seguir su búsqueda en la Cordillera Manda, al este de las Montañas Vindhya. Esto incluía un recorrido de quince días al Pico Vikrama. En el día decimosegundo, llegó a los límites de su esfuerzo y se desmayó. Desesperado por su fracaso, y ahora a la edad de treinta años, sintió el deseo de cometer suicidio. Justo en el momento crítico, apareció el Guru Savari (7).

Savari significa uno que pertenece a la tribu Sabara, un pueblo de casta intocable, de rango incluso más bajo que los Dombis o los Çandalas, quienes viven cazando animales salvajes en el bosque Vindhya. Savaripa era un famoso yogui de esa tribu, un discípulo de Saraha, quien tenía dos mujeres consortes con las que vivía. Cuando Maitrigupta se encontró por primera vez con el Guru, lo halló sentado sobre el suelo, mientras que sus dos consortes estaban quitándole piojos del cabello. Maitrigupta, que seguía siendo un ortodoxo Bhikshu y quien procedía de una elevada casta Brahmán, sintió que su fe se agitaba ante esta escena.      

El primer pensamiento de Maitrigupta  fue regresar a su monasterio. Luego se hizo la siguiente consideración: “Si regreso ahora, perderé el prestigio ante todos los monjes y eruditos. A lo mejor, después de todo, tenía que haberme suicidado.” Viendo la perplejidad en su rostro, Savari le preguntó que le sucedía.

Maitrigupta respondió: “He dejado mi vida como erudito, olvidado todas las enseñanzas, y ahora, sin encontrar nada, contemplo la idea del suicidio.”   

Savari, utilizando el lenguaje de la filosofía Madhayamaka, que Maitrigupta conocía a la perfección, le respondió, “Dime: ¿qué significa este ‘olvido de las doctrinas’, cuando en primer lugar todo es no originado? ¿Qué significa este ‘olvido de las doctrinas’ cuando en primer lugar todo es no cesante? Si el universo entero ha estado siempre liberado desde sus comienzos, como tu filosofía menciona, entonces ahora mismo tu innata naturaleza Búdica debe estar presente, por mucho que parezca estar oscurecida por la ignorancia”.

Ante esas palabras, en Maitrigupta brotó una repentina realización. Entonces, él vio las acciones y apariencias del Guru como un signo de apuntar hacia la naturaleza no originada de todas las cosas. Debido a ello, en él surgió una indiscutible fe en Savari, a quien reconoció como una verdadera emanación del compasionado Bodhisattva Avalokitesvara en persona.

Después, Maitrigupta recibió de Savari secretas iniciaciones tántricas, y recibió el nombre de Advayapada, el que reside en (pada) más allá de la dualidad (dvaya).  A raíz de ello, se retiró como yogui a meditar en un bosque durante doce años.

Aunque su correcto nombre tántrico fuese Advayapada, él quizás es mas conocido en la historia Kagyu como Maitripa, uno de los maestros del sabio tibetano Marpa de Lhodrak.

Se dice que en virtud de la instrucción, la meditación y el consiguiente consejo, a partir de entonces, en Advayapada se desarrolló gradualmente una comprensión intuitiva de la Realidad tal como es. Recibió una compresión plenamente experimental del conocimiento de todos los 64 Tantras. De esta forma, se convirtió en un Vydyadhara encarnado como humano.

Habiendo completado el camino y tras haber llegado a conocer la intrínseca naturaleza de la mente, el impulso inicial de Advayapada fue el de seguir viviendo en el bosque por el resto de su vida. Sin embargo, el Mahasiddha Savari, señaló con su dedo a su discípulo y le reprendió diciéndole: “¿Que esperas lograr sin ayudar a los demás? Tienes un intelecto agudo y una buena educación y por ello ve y enseña a la gente la realidad de cómo son las cosas.” De esta manera, Savari disolvió las ilusiones de su discípulo y lo dirigió para que se dedicase a escribir y a dar enseñanzas.

El Mahasiddha Advayapada (Maitripa) regresó a Bihar, en el centro de India, donde procedió a instruir a un gran número de discípulos. Se dice que él compuso algunos célebres trabajos filosóficos en la montaña Sri Parvata y en algunos otros lugares. Se convirtió en una autoridad ejemplar de Mahamudra, y bajo el nombre de Maitripa es autor de un tratado fundamental de Mahamudra del Linaje Kagyu.

Maitripa era algo más joven que el gran Naropa, y comenzó a ganar considerable reconocimiento tal como le sucedió a Naropa al término de su vida. En la región este de la India, fundó una ermita junto al cementerio de la Montaña de Fuego, y se estableció allí, enseñando a sus discípulos y escribiendo tratados de yoga. Adquirió cuatro discípulos principales, siete discípulos medios y diez discípulos menores. Los cuatro discípulos principales se llamaron Sahajavajra, Rama, Sunyatasamadhi, y Vajrapani.

Cuando el momento de su muerte se aproximó, le dijo a éste último: “Vajrapani,  ve y reúne a todos los discípulos.”  Entonces, se dice que realizó grandes ofrendas y dio sus últimas Instrucciones de Meditación. Dejó el cuerpo a la edad de setenta y cinco años.

Una de las características de los 84 históricos Mahasiddhas es que son reconocidos, tanto por Budistas, como por Hindúes. Aparentemente fueron tan universales en pensamiento y práctica, que fueron reconocidos como santos por ambas tradiciones religiosas.