El Fuego (por Ana Pinilla)

Apuntes sobre el simbolismo del fuego en algunos textos y disciplinas yóguicas de la tradición tántrica y revelada de la India.

El carácter sagrado del fuego es patente en casi todas las tradiciones cosmogónicas de Oriente. Para los mazdeistas es el símbolo que representa Aura Mazda, la sustancia ígnea suprema, mientras que para la tradición tántrica budista la manifestación del elemento fuego de todos los budas es la consorte de Buda Amithaba  (ver Las Cinco Familias de Buda), Benzarahi, la que permite el conocimiento supremo. En la tradición revelada hindú el fuego es personificado por el dios Agni o primer elemento creado sólo después de Brahman. Por esta razón, la filosofía hindú elabora la relación cósmica del ser y de Brahman mediante el fuego y su simbolismo. Las chispas y el fuego, según las Upanishad, se encuentran en la misma relación que las almas individuales con Brahman. En este sentido, en el Katha Upanishad al dios Shiva también se le asocia al fuego pues, como éste, también esconde componentes del ser:”El magnánimo le dice, gozoso; te concedo aún un último favor. Este fuego llevará tu nombre. ¡Agradece este don multiforme!”.

Ardor, conocimiento y gloria

Las Upanishad también recogen que el dios Agni posee tres connotaciones: la de calor, la de la luz unida al conocimiento y a la gloria, y la del espíritu. Agni posee una existencia oculta y otra manifiesta; está también presente en los fuegos terrestres, celestes, cósmico-mágicos y rituales, en el calor, la digestión y la cólera. Por eso, los brahmanes se esmeran en mantener el fuego perpetuo en los templos y en su función sacrificial, pues Agni es el intermediario para que los dioses obtengan las ofrendas. Así afirman las Upanishad que todo hombre lleva en sí mismo una llama que le permite entrar en el mundo divino y que le permite morir y renacer sin cesar.

En esta analogía entre el dios creador, o sustancia primordial, y el fuego es interesante anotar de nuevo las ideas que Jung expone en sus estudios sobre alquimia en las que Mercurio, el dios de la materia, no era el elemento químico, sino una sustancia filosófica, substancia fundamental del universo, “un agua que no humedece las manos”. Al mismo tiempo, Mercurio también era un fuego, “la luz natural que es portadora del espíritu celestial”, “fuego del infierno oculto en el centro de la tierra”, y también “el fuego en que Dios arde en su divino amor”. Siguiendo a Jung, en la “vesícula germinal” conciencia y vida son todavía una unidad, inseparablemente mezcladas “como la simiente del fuego en el horno de refinar: “Dentro de la vesícula germinal está el fuego del soberano. Es en ella donde han comenzado su trabajo todos los sabios”.

Todo este análisis se refiere, en definitiva, a una especie de proceso de Alquimia, de refinamiento y ennoblecimiento del que hablan varios maestros espirituales. A este respecto, Siddharta Gautama, el Buda histórico, en sus enseñanzas recogidas en el Dhammapada (El camino de la doctrina), da buena cuenta de lo que significa haber alcanzado el estado de nobleza a través del refinamiento ético. “Aquel sabio que conoce sus vidas previas, que percibe el cielo y el infierno, que ha llegado al final de los conocimientos y que ha alcanzado el Conocimiento Supremo y ha completado su labor viviendo la vida santa, a ése llamo yo noble”.

Por su parte, la filosofía Advainta Vedanta de la India también acoge tal analogía entre el fuego y el conocimiento, sosteniendo que el alma individual consumida por fuego del conocimiento provocado por la audición, la reflexión y la meditación, “al librarse de todas las impurezas, resplandece por sí sola como el oro que brilla”. A este respecto, la relación entre la audición (aire) y la forma (fuego) se analiza en un articulo muy interesante de Rene Guenon, titulado “Namas-rupa”, en el que indica cómo en la religión hindú el alma individual se considera el resultado de la unión de estos dos elementos.

La practica del fuego interno y el camino del diamante

La disciplina tántrica, de acuerdo con los principales textos hinduistas y budistas de dicha tradición, otorga vital importancia a la practica yóguica del desarrollo del fuego interno para alcanzar la altas cotas de consciencia necesarias para el estado de mukhti o liberación. En el Darshana Upanishad, Dattateya describe cómo en el centro del cuerpo arde un gran fuego “tan brillante como el oro fundido” y ofrece los siguientes consejos para alcanzar el sonido místico, que asocia con la iluminación, a través del ejercitamiento del fuego interno: “Afírmate en atman, escucha bien lo que enseñan los maestros, instálate en un ashram situado en un lugar agradable en lo alto de una colina, a orillas de un río...y ejercítate en las posturas, cuidando tener el cuerpo recto, inmóvil y con la boca cerrada. Introduciendo el aire inspirado por el canal ida hasta el vientre, meditando sobre el fuego que arde en medio del cuerpo, percibirás en ti el sonido (nada) perpetuo; entonces, expulsarás el aire por el canal de píngala.. Luego harás lo mismo sustituyendo ida por píngala; practica así al menos tres veces al día y seis tandas cada vez.. Así lograrás purificar tus nadis; tu cuerpo se tornará luminoso, resplandeciente, a causa del fuego interior, y oirás claramente el sonido místico”.
 
Cuando se refiere a la práctica de meditación dharana, Dattateya describe los cinco elementos con sus homólogos corporales y las deidades correspondientes. “En el espacio en el centro del cuerpo debe mantenerse el espacio exterior y, del mismo modo, el aire exterior debe ser mantenido en el prana y el fuego en el abdomen; se deben mantener también las aguas en los líquidos del cuerpo y la tierra en las partes terrosas; eso es dharana”.

En el agama Sri Vijnana Bhairava Tantra, texto vital del tantrismo shivaíta de Cachemira, se afirma que cuando se practica la técnica pranayama con kumbaka (ejercicios de respiración con dilatadas retenciones del aire), se obtiene experiencia de la shakti (energía primordial o espiritual) conocida como shanti “que asciende como rayos de sol desde la raíz” y a través de la paz que emana esta experiencia, se revela el bhairava o consciencia:

”Uno debería meditar en el espacio interior del nadi central (sushumna) para, por mediación de la devi, conseguir la divina revelación. Siempre que se medita en el fuego sutil sobre la frente se obtiene una agitación, seguida de una absorción y disolución en la cavidad del corazón. El adepto a escuchar el sonido anahata ininteruimpidamente logra el estado de Brahmán. Si después de meditar en la shakti se entra en el espacio del corazón y se medita allí ininterrumpidamente, se obtiene la liberación. (68) Uno debería tirar la mente al fuego del centro del ombligo o al centro de aire o corazón (anahata) y así alcanzar el estado de gracia”.

En cuanto a la citada práctica de escucha del sonido del corazón (anahata) realizada para alcanzar el estado supremo, se puede establecer una conexión curiosa con el uso del damaru o tambor en las pujas o rituales tántricos. Para la tradición tántrica budista tocar el damaru simboliza la absorción de las dakinis (deidades femeninas) externas en nuestro cuerpo y la manifestación de la dakini interna, la mente de luz clara, como resultado del ardor del fuego interno. Este instrumento también se toca como ofrenda musical para los Budas en la puja de ofrecimiento de fuego de Vajradaka, un ritual de purificación en el cual se transforman las faltas en forma de semillas de sésamo negro que se ofrecen a Vajradaka, ubicado en medio del fuego, para su extinción. Del mismo modo, en las pujas de la tradición advaita de la India, se realiza un práctica muy parecida en la que se arrojan semillas al fuego para la purificación del ego, ofrenda que se dirige al dios Shiva, danzarín del fuego, al que siempre se retrata portando un damaru en su mano derecha.

Retomando de nuevo la importancia de la práctica Kumbaka en su relación con el trabajo del fuego interno podemos establecer también la asociación de tal elemento con el deseo en ciertos textos tántricos. En el “Hatha Yoga Pradipika” se resalta cómo el sadhaka o practicante de tal disciplina tántrica debe, en su practica diaria, realizar tal ejercicio contrayendo el pecho, dejando que la respiración permanezca allí lo máximo posible, al tiempo que debe controlar la base de la garganta…”luego, la serpiente que duerme en el centro Muladhara encendida en fuego despierta por el poder de deseo de este elemento”.

El Hevajra Tantra, obra esencial del Budismo Tántrico explica que el candali (prajna) o sabiduría, arde en el ombligo: “Ella es capaz de quemar los cinco budas, la tierra y todos los demas elementos (ego), luego de este mismo centro fluye la luna o Bodhiçitta, la conciencia iluminada”. En este sentido, y en cuanto a la importancia de quemar los cinco elementos, “Pandra Dhuni” o la técnica yóguica de quemar los cinco fuegos, es un practica milenaria que realizan los yoguis de la India, especialmente los naga bhavas o sadhus desnudos que como los repas (ascetas) o seguidores de Milarepa en el Tibet demuestran con su desnudez el éxito de la práctica del fuego interno. Alexandra David Neel, en su obra “Mystics and Magicians in Tibet” describe como los repas son capaces de llevar una simple tela enrollada en el cuerpo en pleno invierno gracias a la técnica del tummo (fuego interno).

En la tradicion Kamtsang Kagyu del budismo tibetano la practica tántrica del Yoga del Calor Interno o tummo (término tibetano que significa “fuego interno“) es esencial para aquéllos que desean liberarse en una sola vida. El tummo se refiere al fuego interno que se localiza en el centro del centro energético o chakra del ombligo. Para Evans Wenz el tummo es la fuerza psíquica necesaria para la búsqueda espiritual, el medio para el asceta de alcanzar la sagrada meta. Se ejercita practicando ejercicios, respiraciones y una estricta contención sexual. A partir del estudio del “Los Seis Yogas de Naropa” en la obra “Tibetan Yoga and Secret Doctrines”, Evans Wentz analiza la doctrina del calor siquico y comenta: “Entrando en el canal central hacia la región del ombligo desde el perineo, la fuerza vital navega por los cuatro centros psíquicos centrales y se convierte en la fuerza ígnea de la sabiduría del calor psíquico”. Algunos autores relacionan la gran meta del tummo con la Tierra Pura externa de las Dakinis que se logra al completar ciertas prácticas o sadhanas como Vajrayoguini. (Esta idea necesito referenciarla y trabajarla mas). Como explica Khenpo Chodrak en “La vida de Naropa”, este estado “seria como alcanzar el mundo de las apariencias puras”. En el Sutra del Loto “Ornamento para la realización clara”, se explica que cuando las mentes de los seres sintientes se purifiquen por completo, “sus entornos se convertirán en una tierra pura de Buda”. Incluyo al respecto esta anécdota. “En cierta ocasión, alguien le preguntó a Milarepa cómo era la tierra pura en la que había alcanzado la iluminación, y éste contestó señalando a su cueva. El que le hizo la pregunta sólo podía ver una cueva fría y vacía, pero para Milarepa era una tierra pura… Puesto que somos seres corrientes y tenemos apariencias ordinarias, somos incapaces de experimentar ni un solo objeto como si fuera completamente puro y perfecto…”.

En este punto me atrevo realizar la siguiente asociación de la tierra pura con lo que A. Coomaraswamy llama la "ciudad de Brahma", donde habitan los que han realizado el camino del diamante - Purusha, cosmos o manifestación que está presente en el corazón de todo hombre y en el corazón de toda cultura.

La muerte del ego y el secreto

En “La vida de Naropa”, Khenpo Chodrak explica que en cierta ocasión Tilopa (maestro del pandita cashmiri Naropa) fue hacia el fuego y dijo “Si tuviera un estudiante que fuera relamente devoto saltaria dentro del fuego” y Naropa de inmediato se arrojo y se quemo, lo que le causo un sufrimiento terrible. Tilopa vino hacia el y le pregunto “que te sucede ahora?”, a lo que Naropa contesto “Mi cuerpo ha sido quemado y mi mente esta sufriendo”. Tilopa replicó: “ Bueno, quemar el aferramiento al ego es muy bueno y yo tengo la practica y las instrucciones para la ecuanimidad de los elementos”, entonces la piel de su querido discípulo se curo completamente y el fuego desapareció. Etas instrucciones son recogidas bajo el nombre de “Los Seis Yogas de Naropa”. Como resalta Evans- Wentz en su obra ya citada “Tibetan Yoga and Secret Doctrines” tales practicas son secretas y requieren de una esmerada preparación antes de dedicarse a ello. A este respecto, en el monasterio Khampagarl, tradición Drukpa Kagyiu, en la localidad de Tashijong, Khenpo Losal (Maestro del Instituto de Estudios Tibetanos de tal monasterio) me advirtió que para realizar con éxito este yoga es necesario primero un maestro realizado y segundo estar en retiro riguroso; esta es la razón por la que no se enseñan más que en secreto y en el marco del retiro de al menos tres años (idealmente tres años, tres meses y tres días).Con el fin de dar algunas indicaciones sobre el sentido de esta practica, Khenpo Losal me explico que al principio de la sadhana hacia la iluminación necesitamos purificar los tres venenos, que son la ignorancia, la cólera y el deseo. Por lo que se refiere al veneno del deseo, la práctica de tummo es indispensable, pues todos los deseos los quema el fuego de la sabiduría consiguiendo asi que al final del tal practica sólo permanezca la pureza de la mente, la tierra pura de las dakinis. El gran practicante de Mahamudra, Tilopa, dio estas instrucciones en las orillas del Ganges a Naropa, “después de que éste hubo superado doce pruebas”. Este texto lleva también el nombre de "Mahamudra en veintiocho versos".

En cuanto al concepto de secreto en estas disciplinas yoguicas del fuego interno, el Katha Upanishad también advierte de tal forma: “Tú eres instruida, oh Muerte del fuego que lleva al cielo: muéstramela a mí que tengo fe. Los del mundo celeste forman parte de la no-muerte. Es lo que escojo como segundo favor. Voy a enseñártelo, ¡permanece atento! Oh Naciketas, yo conozco el fuego que conduce al cielo. Medio para alcanzar el mundo infinito y fundamento (de este mundo), pero debes saber que este fuego esta depositado en el secreto”.

En las practicas de Kundalini Yoga o contraparte psíquica del Hatha Yoga, la finalidad de tal disciplina es desarrollar y purificar los seis centros en la columna vertebral etérica, de manera que el fuego kundalini se libere desde el séptimo centro. Es decir, se trata de aprender a controlar conscientemente la respiración, las actividades de los centros energeticos o chakras, y el fuego kundalini depositado en la base de la columna vertebral. En la obra Kundalini Tantra, Swami Satyananada resalta que el centro manipura (ombligo), donde reside la energía ígnea, está relacionado directamente con el centro ajna o tercer ojo (sexto centro). Por eso, la práctica yóguica del tratak o visualización del fuego ayuda a despertar este centro y por ende a la iluminación. Los ojos de muchos shadakas y grandes practicantes del Tantra, no en vano, se caracterizan por arder como el fuego.

Por último, en cuanto a la simbología del fuego y su asociación con el loto del ombligo, en sánscrito udiyana, o centro energético del cuerpo, anoto estas reflexiones. Evans Wentz explica cómo el Yoga de la 6 doctrinas es un “Shakti tantra” inspirado por Lawapa de Urgyen (país que significa ombligo en tibetano y que hoy día se encuentra en el valle de Swat - Pakistán), que más tarde sería llevado a India por Guru Rimpoche o Padma Sambhava (literalmente nacido del loto en sánscrito), también de Urgyen o Udiyana. Para algunos estudiosos Udiyana no es sólo el centro del cuerpo energético sino también el centro etérico geográfico de la tierra. Es más, se trataría de la misma entrada al reino mítico de Shambala, de donde surgen las enseñanza tántricas de Kalachakra. El trabajo de depuración del centro del ombligo o manipura (joya en sanscrito) es el camino del diamante o Vajrayana. El mantra om mani padme um literalmente significa la joya que resplandece en el loto.

¿Y qué misteriosa joya secreta se regala en las enseñanzas de Kalachakra? Según apunta Nicolas Roerich, se revela, con fundamento científico, cómo la humanidad puede usar las fuerzas naturales de los elementos. “Cuando os dicen que la ruta más corta es a través de Shambhala, a través del kalachakra significa que el logro no es un ideal imposible, sino que es algo que puede alcanzarse a través de una aspiración sincera y afanosa aquí, en esta tierra y en esta encarnación. Esta es la Enseñanza de Shambhala.”.
 

Ana Pinilla
Socióloga y periodista, especializada en cultura india.