El Legado de Naropa

Tilopa

Una de las figuras más destacadas del Budismo Tibetano de todos los tiempos es el maestro indio Naropa, del siglo XI, cuya vida y enseñanzas marcan el final de una larga tradición de yoguis. Como herencia, este gran erudito dejó algunas de las más avanzadas prácticas espirituales para el logro de la realización última a través de una genuina experiencia interna.

Nacido en 1016 en el estado de Bengala, situado en el noroeste de la India, Naropa creció en el seno de una adinerada familia de la realeza. Cuando contaba con once años de edad marchó a estudiar a la región montañosa de Kashmir, que en ese periodo constituía el principal asentamiento para el estudio del Budismo. Allí permaneció un período de tres años, durante los cuales entró en contacto con el contenido de las principales ramificaciones de esta doctrina.

 De regreso a su hogar natal, el maestro indio fue acompañado por un gran número de estudiantes, que prosiguieron sus estudios con él por tres años consecutivos, hasta que Naropa conoció a su mujer, de familia brahmín, con la que en poco tiempo contrajo matrimonio. Sin embargo, de mutuo acuerdo, ambos decidieron disolver su unión al cabo de ocho años de convivencia conyugal. Tras la separación, siguiendo las tradiciones impuestas por la casta a la que pertenecía, la esposa de Naropa recibió el nuevo nombre de Niguma. A partir de entonces y debido a su pureza, ella sería conocida para siempre como la “hermana de Naropa”, ya que, dentro de su linaje, el estado ideal para las mujeres casadas era llegar a convertirse en hermanas de su consorte.

 

Tras este inesperado giro de su vida, Naropa volvió de nuevo a Kashmir, desde donde tres años después partió hacia Pullahari, lugar en el que durante su edad madura daría instrucciones definitivas a su discípulo Marpa, apodado “el Traductor”, quien le acompañó durante más de diez años. Sería Marpa quien posteriormente llevaría el legado de su maestro al Tibet, dando así surgimiento al Linaje Kagyu en esa región.

 

Tras seis años de estancia en Pullahari, Naropa se dirigió a la famosa universidad Nalanda, próxima a la localidad india de Bodhgaya, lugar donde el príncipe Siddhartha llegó a ser Buda. En Nalanda, Naropa estudió en profundidad la doctrina Budista, convirtiéndose en un eminente erudito, hasta el punto de ser nombrado uno de los cuatro abades de la universidad.

Las enseñanzas de su maestro Tilopa

 El año 1057 fue una fecha decisiva en la vida de Naropa y en su desarrollo espiritual, ya que renunció a su posición y alta reputación intelectual y, siguiendo las revelaciones de una visión trascendente, partió en busca de su Gurú. En esta visión, vivenciada como una experiencia tangible, una anciana de gran fealdad le mostró a través de una serie de preguntas y respuestas su verdadero estado psicológico y con ello su ignorancia. De esta forma, Naropa reconoció la transitoriedad y superficialidad de la vida humana en el mundo, y desde entonces persiguió como prioridad el desarrollo de sus capacidades sutiles y espirituales como medio para alcanzar la perfección interna y con ella la más alta realización.

A esta visión, le siguieron otras once, que le revelaron de forma simbólica los pasos que debía seguir para lograr el máximo potencial de su ser interno. Cada nueva visión, más terrible que la anterior, le fue confrontando con sus miedos y oscuridades más profundas. Esto le condujo a una desintegración interna de tal magnitud, que Naropa llegó casi al punto de cometer suicidio. Fue entonces cuando por fin encontró a su maestro, el yogui Tilopa, quien se mostraba dispuesto a arrojar luz sobre la confusión interior de su discípulo.

Tilopa confortó a Naropa, explicándole que los procesos destructivos internos nacidos del enfrentamiento con uno mismo y la atenta observación de la mente propia constituían pasos imprescindibles en el conocimiento del ser interior. También le aclaró que gracias a ellos se lograba la extinción de las impresiones mentales indeseables, convertidas en hábitos enraizados, fuente de sufrimiento y esclavitud. Asimismo le dio las instrucciones necesarias para deshacerse de la dualidad conceptual, lo que constituye el fundamento del Tantrismo. De esta forma, Naropa adquirió la maduración de su conocimiento, hasta entonces teórico, logrando una comprensión intuitiva de los fenómenos mentales y alcanzando el más puro estado trascendente.

 Originalmente impartidas por maestros como Nagarjuna, Charyapa y Lawapa, las enseñanzas que, hasta su muerte en 1069, Tilopa le entregó a Naropa a lo largo de doce años se formularon como “Las Cuatro Transmisiones”. Éstas constituyen un conjunto de prácticas tántricas que posteriormente fueron más conocidas como “Los Seis Yogas de Naropa” y que también se hicieron populares como “los Seis Yogas de Niguma”, puesto que la que fuera su mujer contribuyó en gran medida a su divulgación. Naropa falleció en el año 1100 y sus restos, convertidos en reliquias de veneración, están preservados en el monasterio de Kanika (Kaniska) situado en la localidad de Zangskar, en el estado indio de Kashmir.

 

El legado de Naropa

Naropa tuvo un gran impacto en la época en la que vivió. No sólo gracias a sus enseñanzas muchos aspirantes alcanzaron la realización, sino que su conocimiento fue transmitido de generación en generación, dando lugar a una nueva estirpe de yoguis, quienes sistematizaron el conocimiento adquirido en una metodología de gran precisión, transmitida de forma secreta y en un ambiente de retiro.

Como mencionan los Sutras y los Tantras, principales textos del Canon Budista, Naropa tuvo miles de discípulos de gran valía a quienes condujo a la plena maduración trascendente, algunos de ellos practicantes del Budismo y otros meros eruditos en busca de la Verdad. Junto a Marpa, el Traductor, sus principales estudiantes fueron Maitripa, Sri Santidbhadra, Dombhipa, Santita, Phyter, de Nepal, el novicio Prajnasinha, y Akarasiddhi, de Kashmir, aunque también destacaron como acólitos 800 siddhas, 54 yoguis con votos específicos y 100 yoguinis con evidentes signos de logro espiritual.

Asimismo, Naropa es considerado como uno de los patriarcas del Linaje Kagyu, que se originó en el Tibet en el siglo X. Su aportación se unió a la de otras eminentes figuras del conocimiento Tántrico, tales como Milarepa, Gampopa o Dusum Khyenpa, quien sería el primer Karmapa, guía supremo de esta tradición. En la actualidad, su líder es el XVII Karmapa, Ogyen Trinley Dorje, exiliado del Tibet cuando contaba 14 años de edad y en la actualidad afincado en el norte de la India.

 

Los seis yogas de Naropa

Aunque la transmisión de las técnicas de Naropa se atribuyó a diferentes maestros yoguis según consta en las diversas biografías de Tilopa, en todas ellas éstas aparecen formuladas como el Yoga del Calor Interno (Tummo), el Yoga del Cuerpo Ilusorio, el Yoga de los Sueños, el Yoga de la Transferencia de la Conciencia (Phowa), el Yoga de los Estados Intermedios (Bardo) y el Yoga de la Clara Luz, cuyo desarrollo facilita la realización interna de Mahamudra, es decir, del conocimiento supremo.

El Yoga del Calor Interno trabaja con el fuego interno espiritual a través del prana o energía vital, que mediante ejercicios yóguicos se transforma en sabiduría, extinguiendo con ello la actividad de la mente. En cuanto al Yoga del Cuerpo Ilusorio, se centra básicamente en el empleo de técnicas meditativas que, con la transmutación de los pensamientos mundanos en pensamientos espirituales, logra el surgimiento de un cuerpo ilusorio de sabiduría suprema. Por su parte, por medio de determinados periodos de meditación intuitiva que permiten el pleno control sobre las experiencias oníricas, el Yoga de los Sueños consigue el reconocimiento de la naturaleza ilusoria e impermanente de la manifestación fenoménica, incluidos los estados de vigilia y sueño.

A su vez, con el Yoga de la Transferencia de Conciencia se extinguen las impresiones acumuladas a lo largo de las sucesivas encarnaciones, lo que favorece afrontar el momento de la muerte como una oportunidad única para alcanzar la realización definitiva. El Yoga de los Estados Intermedios se dirige a la purificación mental con el fin de utilizar de forma provechosa el espacio de tiempo entre el momento de la muerte y el del próximo nacimiento. Por último, siguiendo las enseñanzas incluidas en el Yoga de la Clara Luz, se llega a la iluminación perfecta.

De esta forma, a través del logro de siddhis o poderes místicos, el propósito final de las prácticas desarrolladas por Naropa es la trascendencia absoluta del mundo fenoménico, hasta llegar a la comprensión definitiva del Ser que uno siempre es. Cabe decir que, la maestría sobre los Seis Yogas en conjunto resulta mucho más eficaz en el logro de los objetivos, ya que las técnicas en ellos incluidas se hallan estrechamente relacionadas entre sí.

(Artículo escrito por Trikaya y publicado en 2010 en la revista trimensual “Cuadernos del Budismo”)