El Ser Y Su Reflejo (por Eva Alba)

ElSeryReflejoPuesto que nadie se atreve a negar su propia existencia, el hecho de Ser es la única experiencia innegable de cualquier individuo. Sin embargo, el protagonismo exclusivo que el "yo" juega en la vida de cada persona es para muchos sistemas de conocimiento, como el del Advaita de la no-dualidad, el error básico que nos conduce al sufrimiento y al olvido de nuestra verdadera naturaleza interna.

Con su origen etimológico en el vocablo latín ego, el "yo" es la entidad en la que los seres humanos nos reconocemos como individuos independientes, identificándonos con el cuerpo y la mente, y diferenciándonos de los demás en base a una personalidad única y particular. En función de esto, el "yo" es comúnmente definido como el sujeto pensante y consciente que, ejerciendo libremente su voluntad, actúa y hace uso de su capacidad racional para relacionarse con los demás y para analizar y conocer los fenómenos propios de la manifestación física. Es por consiguiente quien también experimenta las reacciones desencadenadas por sus propios actos, a través de las emociones que éstos suscitan en él.

Estos procesos de percepción y cognición se basan fundamentalmente en una distinción conceptual entre el sujeto que conoce, es decir, el propio "yo", y los objetos conocidos, incluidos los demás individuos, de los que el anterior se ve íntegramente separado. De esta forma, definido por su actividad mental innata, el "yo" centraliza la atención exclusiva de la existencia humana individual, considerándose el único guionista, así como el actor principal de ésta.

Sin embargo, este sentido de "yoidad" se debilita y pierde protagonismo en el transcurso de los sueños, cuando nos convertimos en meros espectadores y testigos pasivos de las escenas oníricas proyectadas por la mente. El sentimiento de individualidad llega incluso a disolverse por completo en el estado de sueño profundo, en el que no existe siquiera conciencia de ser. Esta conciencia sólo se recupera de regreso a la vigilia, cuando se restaura el reconocimiento del cuerpo y se reanuda la representación del entorno que lo rodea.

Así pues, definido por la impermanencia y la discontinuidad, el "yo" es formulado por diversos sistemas de conocimiento, especialmente por el Advaita de la no-dualidad, fundado en el siglo XI por el erudito y visionario Adi Shankara, como una percepción de carácter relativo y desprovista por tanto de realidad objetiva.

 

El olvido del Ser

Denominado ahamkara en sánscrito, el ego es descrito por la teoría del Advaita como una categoría transitoria, inconstante y variable, que no puede por tanto considerase consistente, ya que todo lo que se confirma como real tiene por atributos la inmutabilidad y la persistencia. Así, según postula esta doctrina, el ego, reconocido como un complejo cúmulo de pensamientos, emociones e instintos, no es más que una expresión de la mente extrovertida, que, identificándose erróneamente con el cuerpo y partiendo de un conjunto de percepciones subjetivas, incluidas las categorías de tiempo y espacio, se siente independiente de todo lo demás y experimenta el mundo objetivo en dualidad. Esto le hace concebir una serie interminable de pares de opuestos, tales como la alegría y la tristeza, la ignorancia y la sabiduría, que de forma inevitable le conducen a la experiencia del sufrimiento, una experiencia que el mismo ego debe padecer y resolver a través de la discriminación.

En base a estas conclusiones, el Advaita afirma que el "yo" individual constituye una especie de falacia que en realidad nunca existió y que sólo puede dejar de concebirse cuando la atención se fija en el Ser, considerado éste como la única realidad permanente e invariable, no susceptible de objetivación y por tanto imposible de conocerse a través de las abstracciones mentales.

De esta forma, los grandes maestros del monismo, la mayoría de ellos nacidos en la India, como Ramana Maharshi, Nisagaradatta Maharaj o el propio Adi Shankara, explican que es precisamente el olvido del Ser lo que pone en acción al ego, es decir, a la mente, que se convierte así en el germen primordial de donde brotan el resto de las ideaciones. Entendido desde esta óptica, el universo manifiesto, al igual que todas las paridades conceptuales, cobran existencia sólo para el "yo" que las proyecta, por lo que el Yoga Vasishtha, una de las obras cumbre de esta escuela teórica de Conocimiento, declara que "el cielo y el infierno, como todas las ilusiones que se refieren a la liberación, existen solamente mientras existe el sentimiento de ego", por lo que, cuando éste desaparezca, cesarán los conflictos y limitaciones que implica la mente dual.

 

Disolviendo el ego

"No podemos ser lo que somos en tanto no despertemos del sueño de la fenomenalidad, en tanto no veamos el sueño como tal y dejemos de conceptualizar y objetivar", explicaba un discípulo de Nisagaradatta Maharaj, Ramesh Balshekar, otro de los grandes maestros del Advaita.

Según este sistema, el punto de partida para disolver el ego y percibir lo que uno es en realidad consiste por tanto en retirar la conciencia interna del mundo material, cuyos contenidos dan lugar a la atracción sensorial y al deseo, que no hacen más que alimentar la idea del "yo", con todo el equipaje de ideas y proyecciones que éste supone. Sin embargo, cuando esta idea se desvanece y la mente se disuelve por completo, la manifestación objetiva deja de tener existencia y se alcanza el estado de plena trascendencia, es decir, la realización interna. De este modo, el logro de la quietud mental y de la posterior suspensión definitiva de los pensamientos requiere el control de los sentidos y la práctica de la concentración, con la que se dirige a la mente hacia el estado de contemplación.

Para Ramana Maharshi, el maestro que encontró la iluminación de forma espontánea a los pies de la sagrada montaña de Arunachala, en el Sur de la India, el ego actúa como una especie de nudo entre el Ser y el cuerpo, que es inerte y que carece de consciencia sobre sí mismo. Así pues, partiendo de que "la existencia del ego como fenómeno se trasciende cuando uno se sumerge en la fuente de donde nace el `pensamiento yo`", para deshacer este nudo de forma segura y eficaz, él propuso la técnica de la auto indagación, capaz de destruir la propia noción de "yoidad" y de permitir el conocimiento directo del Ser que uno Es y siempre ha sido.

Con este método, mediante el cual se alcanza el silencio interior, la atención debe enfocarse, no en el objeto sobre el que se indaga, sino en el propio sujeto que emprende la indagación. "Tome primero al ego –aclaraba el Maharshi– y luego pregúntese como destruirlo. ¿Quien hace la pregunta? Es el ego. La pregunta es una buena forma de consentir al ego y no de matarlo. Si busca al ego, encontrará que no existe. Esta es la manera de destruirlo". Cuando el ego se mira a sí mismo, tratando de hallar la fuente de donde brota, el resultado es su propio desvanecimiento, ya que en ese instante se revela con certeza que su pretendida existencia no es más que una mera apariencia de naturaleza mental, siendo la conciencia pura lo único que en verdad Es.

 

La pura Conciencia

La sutil y oculta relación entre el "yo" individual y su fuente de origen queda bien aclarada por el maestro de Arunachala, quien explicaba que "la mente enfocada hacia dentro es el Ser, mientras que volcada hacia fuera se convierte en el ego (…) Sin embargo, la mente no existe aparte del Ser, aunque el Ser existe sin la mente".

Así considerado, el ego no es más que un mero reflejo del Ser, que se manifiesta como pura conciencia, es decir, como esa inefable presencia imperecedera que trasciende el marco de cualquier definición conceptual y que se traduce en un estado de dicha suprema. Y es precisamente en el interior de esa conciencia, y no en algún lugar fuera de ella, donde existen las ideas de "yo", de los otros y del Universo externo con todos sus contenidos. Por lo tanto, "aquel que está convencido de que este universo múltiple y maravilloso es irreal, –declaraba el Asthravaka, otro de los textos exponentes de la doctrina de la no dualidad, se queda sin deseo, como Pura Conciencia, y encuentra la paz como si nada existiera".

Teniendo esto en cuenta, al margen del éxito o fracaso de las técnicas que se emprendan, así como del grado de esfuerzo personal que se haya realizado, quienes han realizado interiormente su verdadera naturaleza insisten en afirmar que esa Conciencia o Ser existe siempre y siempre está realizado, ya que constituye la realidad inmanente en todo, en todo momento y en todas partes. Como declara el Yoga Vashistha, "cuando se ve Eso, todo está visto; cuando se oye Eso, se ha oído todo; cuando se toca Eso, todo se ha tocado. El mundo es porque Eso Es".

En este sentido, el Ser resulta incomprensible desde el punto de vista del análisis intelectual y no puede calificarse con atributos específicos enmarcados en el ámbito de la dualidad. De hecho, al tratarse de la propia esencia de uno mismo y omnipresente en toda la manifestación, la única forma de percibirlo es precisamente trascendiendo el "yo". En otras palabras, no es algo que pueda describirse, sino algo que sólo se puede Ser.

por Eva Alba