Las Cuatro Contemplaciones - Karma, Causa y Efecto
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Karma, Causa y Efecto
La doctrina de causa y efecto expone el mensaje esencial de las profundas y amplias enseñanzas de Buda, cuya comprensión definitiva sólo se logra a través de la realización interna. Así pues, la síntesis de estas instrucciones espirituales se condensa en esta doctrina que postula que cada acción positiva genera un resultado favorable, del mismo modo que una acción negativa da lugar a un resultado desfavorable.
Sin entender en todo su alcance el principio de causa y efecto, la comprensión de la contemplación de la Muerte e Impermanencia se torna confusa. Nuestra ignorancia (oscuridad mental), nos impide saber de qué forma se originó el samsara, cual es la naturaleza de éste, y qué leyes y condicionamientos operan en él. En consecuencia, desconocemos qué actividades, determinadas por este postulado de causa y efecto, resultan propicias y cuales son perjudiciales o contraproducentes.
Es necesario recordar que la acción se origina en el pensamiento, y que por tanto, si éste es puro, la acción resultante también será pura, mientras que si éste es impuro, dará lugar a una acción de la misma naturaleza. Asimismo, se debe tener en cuenta que en cada vida se van acumulando las acciones llevadas a cabo en el transcurso de ésta, lo que genera un determinado karma, positivo o negativo, que debe vivenciarse de forma inevitable en alguna próxima encarnación.
En consecuencia, si uno se halla libre de los tres venenos mentales, que son la ignorancia ― entendida como oscuridad y confusión ―, el apego ― derivado de la identificación con el “yo”― y la aversión, los actos realizados no producen efectos y por tanto no se acumulan, evitando así el surgimiento de un karma determinado.
Desde el punto de vista absoluto, la mente no puede morir puesto que nunca ha nacido. Sólo nuestro cuerpo nace y nuestro cuerpo muere, es decir, que en cada encarnación es únicamente la mente la que continua transitando por diferentes estados y en diferentes cuerpos. Así, hasta que nuestras inclinaciones, tendencias y conceptualizaciones mentales no queden extinguidas, las acumulaciones kármicas y el patrón de conductas que éstas conforman no dejarán de brotar, y con ello prevalecerán la ilusión y el Sufrimiento del Samsara.
La entidad que designamos como “yo”, con la que confundimos nuestra verdadera identidad cuando al nacer la mente se identifica con el cuerpo, implica una duda constante sobre la realidad absoluta. Es a partir de esa errónea identificación con el “yo” individual que surgen todo tipo de actitudes pervertidas. Entonces, cualquier cosa que sustente a ese concepto de “yo”, como el cuerpo, da origen al apego o idea de posesión, y con ello al orgullo y a los celos, así como a los sentimientos de atracción y aversión, y con ello a la ira y a la malicia.
Por tanto, mientras exista la mente pensante y la idea de “yo” en ella implícita, las acciones realizadas perpetuarán la existencia del samsara y la esclavitud que éste supone. No obstante, hasta que la mente no sea trascendida, se debe al menos realizar un esfuerzo concentrado por realizar actos benévolos y provechosos, rechazando los que son malignos e infructuosos. Los primeros, considerados meritorios, conducen al renacimiento en niveles de existencia superiores, como dioses o seres humanos, si no están motivados por el deseo de adquirir la liberación absoluta, que supondría no volver a nacer. Los segundos, denominados actos no meritorios, determinan el renacimiento en niveles de existencia inferiores.
Las diez acciones meritorias que deben ser cultivadas, descritas por el primer Jamgon Kongtrul Rinpoche en su obra La Antorcha de la Certeza, una enseñanza básica a seguir por cualquier practicante, son las siguientes:
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Salvar vidas.
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Compartir el alimento y la riqueza material personal.
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Preservar la conducta moral.
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Decir la verdad.
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Conciliar conflictos nacidos de la discordia.
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Emplear palabras amables.
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No perder el tiempo hablando de asuntos intrascendentes.
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Regocijarse en la buena fortuna ajena.
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Pensar en el beneficio de los demás.
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No rechazar ni juzgar el contenido de otras doctrinas distintas a la propia.
En cuanto a las diez acciones no meritorias mencionadas en esta obra, las primeras tres son acciones perniciosas hechas con el cuerpo, las cuatro siguiente son acciones dañinas hechas con la palabra y las tres últimas son acciones adversas hechas con la mente.
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Acabar con la vida de cualquier ser sintiente.
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Robar las propiedades ajenas.
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Mantener relaciones sexuales con una pareja inapropiada, como alguien que haya adquirido votos.
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Mentir de forma consciente y voluntaria, es decir, no decir la verdad.
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Difamar, lo que es motivo de discordia.
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Hablar mal de los demás y juzgarles.
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Hablar innecesariamente de tópicos irrelevantes.
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Desear o codiciar el dinero, el cónyuge o la posición social y reputación de otra persona.
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Sentir envidia de los demás, y no alegrarse por su felicidad o buena fortuna.
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Sostener puntos de vista erróneos, dudando de la existencia de vidas pasadas y futuras, de la ley del karma o de las cualidades especiales adquiridas por los seres nobles y realizados.
Así, si se tuviera plena comprensión y control sobre lo que ocurre después del suceso de la muerte, podría adquirirse de forma inmediata la realización. Esto equivale a decir que la obtención del conocimiento supremo permitiría conocer las características generales y especificas de los principios de la impermanencia, la vacuidad, etc. Con ello desaparecería por completo el sufrimiento, ya que se eliminarían los efectos de todas las acciones previamente acumuladas que obstruían el progreso espiritual y se lograría la realización, conocida como liberación o nirvana, que trasciende la dualidad.


