Las Cuatro Contemplaciones - La Valiosa Vida Humana

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Las Cuatro Contemplaciones
La Valiosa Vida Humana
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La Valiosa Vida Humana

La vida humana es de por sí valiosa como vida, con sus atributos físicos, verbales y mentales, que nos pueden permitir elegir y seguir un curso constructivo de acción. Por ello se la debe proteger y respetar. Sin embargo, para que ese valor se reconozca en todo su alcance y resulte de verdadero beneficio, se deben tener en cuenta  dieciocho circunstancias, dieciocho condiciones particulares, que hacen de la vida humana una oportunidad especialmente única, excepcional y provechosa para alcanzar la sabiduría y una elevada realización.De hecho, esas dieciocho circunstancias la hacen más preciosa e inestimable que una joya que satisface los deseos. Se puede incluso afirmar que cuando se carece de estas condiciones la vida es valiosa  pero no es de beneficio. Así, para apreciar esta rara existencia humana y hacerla mas fructífera, se debe empezar por contemplar las primeras ocho de estas circunstancias.

 

  • La primera  circunstancia a tener en consideración es el no haber nacido como un ser de los infiernos inferiores, donde el dolor constante impediría tener disponibilidad alguna para encaminar la mente hacia el Dharma.
  • La segunda circunstancia a tener en consideración es el no haber nacido como un espíritu. Si hubiésemos nacido como un espíritu, nuestra atención no se centraría en el dolor, pero nos encontraríamos atormentados con la necesidad de saciar el hambre y la sed.
  • La tercera circunstancia a tener en consideración es el no haber nacido como animales, pues los animales carecen de la posibilidad de comprender la existencia y adquirir conocimiento, además de que siempre viven con miedo.
  • La cuarta circunstancia a tener en consideración es el no haber nacido como un ser humano irracional y sin discernimiento, como alguien que carece de la sutileza de intelecto necesaria para distinguir entre lo correcto e incorrecto.
  • La quinta circunstancia a tener en consideración es el no haber nacido como un dios. Si naciésemos como un dios, estaríamos siempre embebidos en nuestros placeres hasta el día que se terminase nuestro karma, obtenido en base a los merecimientos acumulados. Como dioses seríamos todo poderosos, seríamos capaces de alcanzar todos los deseos que imaginásemos, hasta que sin previo aviso se consumiera ese karma particular para volver a nacer, sin posibilidad de alcanzar así el conocimiento supremo.
  • La sexta circunstancia a tener en consideración es el no ser una persona de percepción errónea respecto a la existencia, es decir, alguien que no sea capaz de percibir con claridad las herramientas a su disposición para alcanzar la realización espiritual definitiva a través del Dharma.
  • La séptima circunstancia a tener en consideración es que si no hubiera seres iluminados en este mundo no serían conocidos sus atributos ni su experiencia interna y por tanto no habría transmisión de enseñanzas.
  • La octava condición a tener en consideración es no ser sordo o mudo, ya que con estas limitaciones físicas respecto al mundo del lenguaje sería extremadamente difícil aprender el Dharma. Pese a ello, hoy existen muchos métodos que, seguidos con mucho esfuerzo,  pueden permitir hablar a los mudos y escuchar a los sordos. Esta es la octava de las primeras ocho circunstancias a tener en cuenta.

 

Las siguientes diez circunstancias a contemplar son conocidas como las diez bendiciones. Cinco de ellas están relacionadas con uno mismo, y las otras cinco se vinculan con nuestro exterior.

Entre las cinco circunstancias que están relacionadas con nosotros mismos, la primera es el haber nacido como un ser humano. La segunda es el haber nacido en un área central donde las enseñanzas están establecidas y prosperan, entendiendo como área central el lugar donde el Dharma es conocido y no algo nuevo o no familiar.  Nos estamos refiriendo a un territorio en el que existe una profunda sabiduría que conduzca a la práctica del Dharma, incluso aunque el lugar carezca de recursos materiales mínimos.

La tercera circunstancia es el tener todos los sentidos intactos, lo que nos da la capacidad de no perder ninguna información sensorial del mundo exterior. De hecho, el poseer todos los sentidos en perfecto funcionamiento es algo que todo ser humano ha de valorar. La cuarta es el desempeñar nuestras actividades en concordancia con el Dharma. La última y quinta condición, relacionada con uno mismo, es el tener respeto y apreciación por lo que es correcto, incluyendo la devoción y reverencia hacia el Buda, el Dharma, la Sangha, el Guru, la Deidad y el Protector.
 
En cuanto a las cinco circunstancias relacionadas con nuestro exterior, la primera es que el Buda histórico Sakyamuni adquirió la Budeidad en esta era. La segunda es que el Buda impartió las enseñanzas. La tercera es que sus enseñanzas aún prevalecen y no han declinado, que están vivas y sustentadas a través de un linaje intacto. La cuarta es que este linaje cuenta con muchos practicantes en el mundo. Y la quinta circunstancia externa a considerar es el que existe la benevolencia, lo que hace posible la práctica del Dharma.

Éstas son las dieciocho circunstancias que, contempladas una a una, permiten disponer de una mayor y más clara comprensión de la valiosa vida humana, y consiguientemente de una mayor apreciación hacia ella. Es precisamente a partir de esta comprensión y apreciación que el ser humano puede llegar a utilizar su existencia de una manera más enriquecedora y útil. De esta forma, esta preciosa vida humana se utilizará para el bien de todos los seres sintientes y para que también ellos, que de por sí ya son poseedores de la sabiduría primordial, desplieguen esa voluntad de trabajar por la liberación propia y de todos los demás.